Gracias a la gentíl asesoría de mi amigo Eduardo Gómez (máster en redes sociales) les cuento que cambié mi blog de versión pasando ahora a Wordpress, sin duda que ahora el blog quedó mucho más "encachado" (como diría mi abuelo) así que acá les dejo el link:
http://vforvendettablog.wordpress.com/
Los espero...
V
jueves, 3 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
Es Chile un Estado laico?
Uno de mis mejores amigos es Opus dei, y habitualmente tenemos laaaaargas charlas relacionadas con el tema de la Iglesia Católica y el Estado, gran tema, aunque casi siempre condenado al empate dadas las posturas en extremo antagonistas que ambos tenemos, es evidente que jamás conseguiremos convencernos el uno al otro, pero si debo decir que hemos llegado (yo creo que en honor a la amistad) a varios consensos durante estos años.
Chile de acuerdo a su constitución política es un estado laico, es decir absolutamente independiente de cualquier corriente religiosa, claro que si le dijéramos eso a un extranjero se reiría a carcajadas de nosotros, y es que es tan evidente –y a veces grosera- la injerencia que particularmente la Iglesia Católica tiene en Chile que hace que uno se pregunte si es válido que esto ocurra.
Si bien puedo respetar que una iglesia que se arroga una supuesta adhesión -según el CEP- de un 72% de la población tenga sus instancias de manifestación, también creo que ésas manifestaciones y/o doctrinas no deben afectar al resto de la población que no adhiere a dicha creencia. En ése aspecto me parecen impresentables episodios en que la Iglesia Católica ha hecho sentir su poder, casos como el de la píldora del día después, el aborto, el matrimonio homosexual, etc. Si basta con recordar que gracias a la Iglesia Católica y su brazo político representado principalmente por la UDI y la DC pasaron décadas antes de tener una ley de divorcio decente que no fuera una burda pomada como era la famosa anulación del matrimonio.
Seamos Rigurosos
A continuación los invito a hacer la práctica de ser en extremo rigurosos, es un ejercicio raro pero que tiene su lógica:
Supuestamente un 72% de los Chilenos se declara Católico, permítanme hacer algunas reflexiones sobre eso, valen dentro de este 72% los famosos Católicos “a mi manera”?, esos que se dicen Católicos pero que desde que se casaron o tuvieron su primera comunión que no pisan una iglesia, o esos que son Católicos por “default”? esos que desde chicos y solo por tradición social sus padres los ungieron con todos los sacramentos de rigor (bautizo, primera comunión, confirmación), o quizás esos que cuando les consultan en encuestas o censos, responden que son católicos solo por que se les ocurre que esa es la respuesta obvia, pero que jamás en su vida se han levantado un domingo en la mañana para ir a misa y creen conocer la vida de Jesús por lo que vieron en la película de Mel Gibson “La Pasión”. Valen esos también?
Todo esto es muy curioso, yo tenía la idea que para pertenecer a cualquier organización se debía cumplir ciertos requisitos básicos, por ejemplo, para pertenecer a un sindicato debes pagar la cuota sindical, para pertenecer a una liga de fútbol debes cumplir con cierto porcentaje de asistencia, para pertenecer a las logias masónicas debes tener un padrino, etc. En cualquier caso de lo antes mencionado si no cumples, no perteneces, así de simple, y me quieren decir que para pertenecer a la Iglesia Católica hace falta solo decirlo? Sin cumplir ningún requisito que lo valide? Definitivamente algo está mal. El punto que intento mostrar es que a causa de toda esa gente que se declara, pero en rigor no es Católica, es que esta iglesia aparece con monstruosos porcentajes de representación, lo cual claramente le entrega un poder social y político que les permite imponer su agenda valórica a todo el resto del país, porque claro son el 72% del país… pamplinas!
Por qué si el estado es laico se celebra un Te Deum para fiestas patrias?, por qué en un estado laico el cardenal entra en la Moneda cuando quiere, y no tienen la misma oportunidad los representantes de otras religiones?.
En resumen creo que debemos plantearnos estos temas, pues socialmente Chile requiere avances en algunos temas que como son de carácter “valórico” para la Iglesia Católica, no se logran concretar por el poder que ella tiene sobre la sociedad, y tal parece que también sobre un estado que se supone es laico.
En lo personal creo que La iglesia Católica ya tiene suficiente representación, un canal de televisión, una universidad, dos partidos políticos, y una interminable red de colegios a lo largo de todo Chile, yo creo que es suficiente verdad?
Chile de acuerdo a su constitución política es un estado laico, es decir absolutamente independiente de cualquier corriente religiosa, claro que si le dijéramos eso a un extranjero se reiría a carcajadas de nosotros, y es que es tan evidente –y a veces grosera- la injerencia que particularmente la Iglesia Católica tiene en Chile que hace que uno se pregunte si es válido que esto ocurra.
Si bien puedo respetar que una iglesia que se arroga una supuesta adhesión -según el CEP- de un 72% de la población tenga sus instancias de manifestación, también creo que ésas manifestaciones y/o doctrinas no deben afectar al resto de la población que no adhiere a dicha creencia. En ése aspecto me parecen impresentables episodios en que la Iglesia Católica ha hecho sentir su poder, casos como el de la píldora del día después, el aborto, el matrimonio homosexual, etc. Si basta con recordar que gracias a la Iglesia Católica y su brazo político representado principalmente por la UDI y la DC pasaron décadas antes de tener una ley de divorcio decente que no fuera una burda pomada como era la famosa anulación del matrimonio.
Seamos Rigurosos
A continuación los invito a hacer la práctica de ser en extremo rigurosos, es un ejercicio raro pero que tiene su lógica:
Supuestamente un 72% de los Chilenos se declara Católico, permítanme hacer algunas reflexiones sobre eso, valen dentro de este 72% los famosos Católicos “a mi manera”?, esos que se dicen Católicos pero que desde que se casaron o tuvieron su primera comunión que no pisan una iglesia, o esos que son Católicos por “default”? esos que desde chicos y solo por tradición social sus padres los ungieron con todos los sacramentos de rigor (bautizo, primera comunión, confirmación), o quizás esos que cuando les consultan en encuestas o censos, responden que son católicos solo por que se les ocurre que esa es la respuesta obvia, pero que jamás en su vida se han levantado un domingo en la mañana para ir a misa y creen conocer la vida de Jesús por lo que vieron en la película de Mel Gibson “La Pasión”. Valen esos también?
Todo esto es muy curioso, yo tenía la idea que para pertenecer a cualquier organización se debía cumplir ciertos requisitos básicos, por ejemplo, para pertenecer a un sindicato debes pagar la cuota sindical, para pertenecer a una liga de fútbol debes cumplir con cierto porcentaje de asistencia, para pertenecer a las logias masónicas debes tener un padrino, etc. En cualquier caso de lo antes mencionado si no cumples, no perteneces, así de simple, y me quieren decir que para pertenecer a la Iglesia Católica hace falta solo decirlo? Sin cumplir ningún requisito que lo valide? Definitivamente algo está mal. El punto que intento mostrar es que a causa de toda esa gente que se declara, pero en rigor no es Católica, es que esta iglesia aparece con monstruosos porcentajes de representación, lo cual claramente le entrega un poder social y político que les permite imponer su agenda valórica a todo el resto del país, porque claro son el 72% del país… pamplinas!
Por qué si el estado es laico se celebra un Te Deum para fiestas patrias?, por qué en un estado laico el cardenal entra en la Moneda cuando quiere, y no tienen la misma oportunidad los representantes de otras religiones?.
En resumen creo que debemos plantearnos estos temas, pues socialmente Chile requiere avances en algunos temas que como son de carácter “valórico” para la Iglesia Católica, no se logran concretar por el poder que ella tiene sobre la sociedad, y tal parece que también sobre un estado que se supone es laico.
En lo personal creo que La iglesia Católica ya tiene suficiente representación, un canal de televisión, una universidad, dos partidos políticos, y una interminable red de colegios a lo largo de todo Chile, yo creo que es suficiente verdad?
El Vencindario que nos tocó
Por qué la mala onda con nuestros vecinos? Perú, Bolivia, Argentina durante toda la historia nos han dado dolores de cabeza, ya fuimos a la guerra con dos de ellos, y con el otro faltó poco.
Perú y Bolivia, relaciones tortuosas
Más allá de todos los fundamentos geográficos, políticos e históricos, creo que no hay que dejar de lado algo más simple y esencial: la antipatía general hacia Chile por parte de los ciudadanos comunes y corrientes de los mencionados países.
Voy a hablar desde mi experiencia personal –no podía ser de otra forma- para los que han ido a Perú y Bolivia, y también para los que han visto algunos reportajes (algo ensalzados eso si) en la TV, es evidente que en general la ciudadanía de dichas naciones es, a mi juicio, algo hostil hacia nuestro país, y es que en general no tienen una gran opinión sobre nosotros, se nos tilda de soberbios, de arrogantes (que curioso, casi lo mismo que nosotros decimos de los Argentinos), hasta de tener ciertas conductas racistas hacia ellos, de habernos apropiado en la guerra de territorios y riquezas que les pertenecían las cuales saqueamos como bárbaros, de ser la causa de la pobreza en el caso de Bolivia por haberles cerrado su salida al mar.
Todo lo anterior podría atribuirse únicamente al resentimiento de pueblos a los que por años se les ha enseñado una historia muy distinta a la que se enseña en nuestros colegios, claro, se dice que la historia la escriben los triunfadores, pero no debemos olvidar que siempre existe también la historia de los derrotados, y esta debe a mi juicio ser respetada y entendida.
O tal vez dicha animadversión puede también atribuirse al éxito y desarrollo económico logrado por Chile, citado permanentemente como ejemplo para la región, y que Bolivia y hasta poco tempo atrás Perú no conseguían obtener.
Pero lo que considero peligroso es que en pueblos que permanentemente están en punto de ebullición por sus propias políticas internas, por sus liderazgos (o falta de ellos) o por sus disputas políticas por el poder, el concepto que siempre los une transversalmente es: Chile. Y eso sin duda es complicado, máxime cuando en Latinoamérica hacen nata los políticos del tipo “república bananera”, que conjugan eficientemente el populismo desmedido con el talento para llenar sus bolsillos con dineros del Estado, quienes luego para encubrir dichas raterías suelen convocar alguna causa nacionalista harapienta con el fin de unir voluntades y pasar el foco de atención a otra cosa. Ejemplos? El eterno conflicto marítimo con Bolivia, y el más reciente reclamo ante la Haya por parte de Perú.
Perú y Bolivia, relaciones tortuosas
Más allá de todos los fundamentos geográficos, políticos e históricos, creo que no hay que dejar de lado algo más simple y esencial: la antipatía general hacia Chile por parte de los ciudadanos comunes y corrientes de los mencionados países.
Voy a hablar desde mi experiencia personal –no podía ser de otra forma- para los que han ido a Perú y Bolivia, y también para los que han visto algunos reportajes (algo ensalzados eso si) en la TV, es evidente que en general la ciudadanía de dichas naciones es, a mi juicio, algo hostil hacia nuestro país, y es que en general no tienen una gran opinión sobre nosotros, se nos tilda de soberbios, de arrogantes (que curioso, casi lo mismo que nosotros decimos de los Argentinos), hasta de tener ciertas conductas racistas hacia ellos, de habernos apropiado en la guerra de territorios y riquezas que les pertenecían las cuales saqueamos como bárbaros, de ser la causa de la pobreza en el caso de Bolivia por haberles cerrado su salida al mar.
Todo lo anterior podría atribuirse únicamente al resentimiento de pueblos a los que por años se les ha enseñado una historia muy distinta a la que se enseña en nuestros colegios, claro, se dice que la historia la escriben los triunfadores, pero no debemos olvidar que siempre existe también la historia de los derrotados, y esta debe a mi juicio ser respetada y entendida.
O tal vez dicha animadversión puede también atribuirse al éxito y desarrollo económico logrado por Chile, citado permanentemente como ejemplo para la región, y que Bolivia y hasta poco tempo atrás Perú no conseguían obtener.
Pero lo que considero peligroso es que en pueblos que permanentemente están en punto de ebullición por sus propias políticas internas, por sus liderazgos (o falta de ellos) o por sus disputas políticas por el poder, el concepto que siempre los une transversalmente es: Chile. Y eso sin duda es complicado, máxime cuando en Latinoamérica hacen nata los políticos del tipo “república bananera”, que conjugan eficientemente el populismo desmedido con el talento para llenar sus bolsillos con dineros del Estado, quienes luego para encubrir dichas raterías suelen convocar alguna causa nacionalista harapienta con el fin de unir voluntades y pasar el foco de atención a otra cosa. Ejemplos? El eterno conflicto marítimo con Bolivia, y el más reciente reclamo ante la Haya por parte de Perú.
Nuestros hermanos Argentinos, che… viste?
Acá la situación ciertamente cambia, luego de décadas en que Chile sufrió el “síndrome del hermano menor” respecto de los trasandinos (que curioso, ellos también nos llaman así), el despegue económico de Chile y su estabilidad política han terminado por dar vuelta la tortilla, hoy los Argentinos nos ven de otra forma, ya nos somos el compañero “Nerd” del curso a quien podían golpear cuando quisieran, hacerle bromas pesadas o quitarle el almuerzo.
Si bien por la particular personalidad que poseen los Argentinos es casi imposible apocarlos, hoy sienten que los Chilenos a nivel de Nación, los hemos superado en bastantes temas. Y es que debe ser frustrante para ellos vivir en un país infinitamente más rico que el nuestro en materia productiva, pero que por culpa de la poca o nula probidad de sus líderes, los ha condenado a vivir en una crisis económica a estas alturas, ya crónica.
Esto sin duda que también acarrea resentimientos, primero contra sus propios líderes (que el pueblo Argentino suele demostrar a cacerolazos) y luego contra este “Nerd” que calladito y sin mucho bombo estudió e hizo las tareas, y que resulta que ahora es dueño de sus empresas y también los invade con las propias, y que más encima también sale con la chica más linda del curso, el FMI.
Todo esto, acompañado del infaltable ingrediente del despelote a nivel de gobierno con el que suelen convivir los presidentes Argentinos, hacen caldo de cultivo para que cualquier iniciativa “creativa” que haga que las famosas cacerolas suenen menos fuerte sea viable, en ése contexto todo vale, pretender subir el impuesto al agro, estatizar los fondos de pensiones, estatizar el fútbol, y por cierto, cortarle el gas a Chile.
Tal vez esto es lo que ganamos por sentirnos “los Ingleses de Latinoamérica”, o los “jaguares del cono sur”, tal vez eso sea lo que inevitablemente tenía que pasar. Pero mientras no existan los transplantes de continente, debemos hacernos cargo como nación de estos temas.
No se me ocurrió un buen título para esta columna.
Por qué hay cosas que son buenas o aplicables para otros, pero no para uno mismo? La pregunta no parece demasiado relevante a primera vista, pero si nos ponemos a analizar lo que sucede en ciertas situaciones, la interrogante cobra valor.
Nuestra querida libertad de expresión
Cuantas veces, cuanta gente, ha hecho cientos de veces férrea defensa de la “libertad de expresión” dentro de una “sociedad democrática”, sin embargo es curioso que cuando esta cuasi declaración de principios no es conveniente para si mismos es rápidamente borrada del mapa.
Por ejemplo hace algunos días me gané el enojo y la rabieta de un insigne twittero al que se le ocurrió hacer una pregunta respecto de qué integrante de famosilandia debiera tener un Twitter, y las opciones eran variadas, desde Hermógenes Pérez de Arce, hasta Aldo Schiappacasse, supongo que como la cosa estaba entretenida, otro insigne twittero (aun más creativo que el anterior) se sumó a la chacota, y se le ocurrió preguntar: quién debiera dejar de Twittear… en ése momento y casi como acto reflejo se me ocurrió probar la teoría manifestada al inicio, y le respondí: “Maybe you”, la respuesta que recibí debe haber sido más rápida que el record de Usain Bolt en los 100 mts. La cual en forma resumida y en 140 caracteres, me invitaba a dejar de escribir comentarios que –según él- calificaban como “falta de respeto”. Entonces me dí cuenta que este maravilloso concepto de la libertad de expresión suele colisionar violentamente con un rasgo muy fundido en el ADN nacional: la falta de tolerancia y el escaso sentido de autocrítica.
Para serles honesto todavía no acabo de entender la lógica de aquel insigne twittero. En ése contexto acaso es aceptable y válido que yo hubiese contestado que debía dejar de twittear fulano o zultano, pero no era aceptable ni válido que yo dijera que quien debía dejar de twittear era él?, y donde quedó entonces la famosa libertad de expresión?.
Yo te lo aplico a ti, pero tú no a mí.
Hace muchos años, cuando todavía asistía al gimnasio, mi personal trainner me dijo respecto de mi régimen de trabajo y dieta: “Haz lo que yo te digo que hagas, no lo que me ves hacer a mí” acto seguido engulló un hot dog con todos los condimentos imaginables.
Este mismo fenómeno se repite una y otra vez en diversos ámbitos, en la política un candidato dice que se deben debatir ideas, pero regularmente se rehusa a participar en verdaderos debates (no de esos pauteados y sin réplica) con los demás candidatos, también se niega a asistir a programas de un determinado canal de televisión por ser “territorio del adversario”. Es decir, debemos entender que los debates y las entrevistas son buenas y aplicables para los otros, pero no para él?.
En nuestra querida farándula hay gente que se gana la vida en TV pelando y desmenuzando la vida de los famosillos de turno, la justificación que estos son: “figuras públicas” y que por ende no tienen derecho a la vida privada, pero esta misma gente es capaz de poner el grito en el cielo y mandar a la cresta a todo el mundo alegando que es SU vida privada cuando les toca a ellos estar en el ojo del huracán mediático. Entonces la regla no escrita es: yo puedo pelarte a ti, pero tu no a mí?.
Por qué Senadores, Diputados, Ministros de Estado, Candidatos Presidenciales, y otros políticos varios pueden -válidamente por cierto- criticar a Piñera por su calidad de empresario, y por sus eventuales conflictos de interés, pero no aceptan que se les pueda criticar a ellos mismos igual condición, en consecuencia que la gran mayoría de ellos son también empresarios con importantes fortunas?.
La verdad es que tal vez la respuesta es obvia, –me dirá más de alguno- todo eso se debe al famoso doble estándar del Chileno (se han fijado que siempre decimos “del Chileno” como si nosotros mismos fuéramos marcianos…en fin), pero eso es aceptar la explicación fácil y simplista, la respuesta obvia, y yo personalmente me resisto a eso. Será demasiado pedir a nuestra sociedad, y a nosotros mismos, un poco más de consecuencia?
Nuestra querida libertad de expresión
Cuantas veces, cuanta gente, ha hecho cientos de veces férrea defensa de la “libertad de expresión” dentro de una “sociedad democrática”, sin embargo es curioso que cuando esta cuasi declaración de principios no es conveniente para si mismos es rápidamente borrada del mapa.
Por ejemplo hace algunos días me gané el enojo y la rabieta de un insigne twittero al que se le ocurrió hacer una pregunta respecto de qué integrante de famosilandia debiera tener un Twitter, y las opciones eran variadas, desde Hermógenes Pérez de Arce, hasta Aldo Schiappacasse, supongo que como la cosa estaba entretenida, otro insigne twittero (aun más creativo que el anterior) se sumó a la chacota, y se le ocurrió preguntar: quién debiera dejar de Twittear… en ése momento y casi como acto reflejo se me ocurrió probar la teoría manifestada al inicio, y le respondí: “Maybe you”, la respuesta que recibí debe haber sido más rápida que el record de Usain Bolt en los 100 mts. La cual en forma resumida y en 140 caracteres, me invitaba a dejar de escribir comentarios que –según él- calificaban como “falta de respeto”. Entonces me dí cuenta que este maravilloso concepto de la libertad de expresión suele colisionar violentamente con un rasgo muy fundido en el ADN nacional: la falta de tolerancia y el escaso sentido de autocrítica.
Para serles honesto todavía no acabo de entender la lógica de aquel insigne twittero. En ése contexto acaso es aceptable y válido que yo hubiese contestado que debía dejar de twittear fulano o zultano, pero no era aceptable ni válido que yo dijera que quien debía dejar de twittear era él?, y donde quedó entonces la famosa libertad de expresión?.
Yo te lo aplico a ti, pero tú no a mí.
Hace muchos años, cuando todavía asistía al gimnasio, mi personal trainner me dijo respecto de mi régimen de trabajo y dieta: “Haz lo que yo te digo que hagas, no lo que me ves hacer a mí” acto seguido engulló un hot dog con todos los condimentos imaginables.
Este mismo fenómeno se repite una y otra vez en diversos ámbitos, en la política un candidato dice que se deben debatir ideas, pero regularmente se rehusa a participar en verdaderos debates (no de esos pauteados y sin réplica) con los demás candidatos, también se niega a asistir a programas de un determinado canal de televisión por ser “territorio del adversario”. Es decir, debemos entender que los debates y las entrevistas son buenas y aplicables para los otros, pero no para él?.
En nuestra querida farándula hay gente que se gana la vida en TV pelando y desmenuzando la vida de los famosillos de turno, la justificación que estos son: “figuras públicas” y que por ende no tienen derecho a la vida privada, pero esta misma gente es capaz de poner el grito en el cielo y mandar a la cresta a todo el mundo alegando que es SU vida privada cuando les toca a ellos estar en el ojo del huracán mediático. Entonces la regla no escrita es: yo puedo pelarte a ti, pero tu no a mí?.
Por qué Senadores, Diputados, Ministros de Estado, Candidatos Presidenciales, y otros políticos varios pueden -válidamente por cierto- criticar a Piñera por su calidad de empresario, y por sus eventuales conflictos de interés, pero no aceptan que se les pueda criticar a ellos mismos igual condición, en consecuencia que la gran mayoría de ellos son también empresarios con importantes fortunas?.
La verdad es que tal vez la respuesta es obvia, –me dirá más de alguno- todo eso se debe al famoso doble estándar del Chileno (se han fijado que siempre decimos “del Chileno” como si nosotros mismos fuéramos marcianos…en fin), pero eso es aceptar la explicación fácil y simplista, la respuesta obvia, y yo personalmente me resisto a eso. Será demasiado pedir a nuestra sociedad, y a nosotros mismos, un poco más de consecuencia?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)