Por qué la mala onda con nuestros vecinos? Perú, Bolivia, Argentina durante toda la historia nos han dado dolores de cabeza, ya fuimos a la guerra con dos de ellos, y con el otro faltó poco.
Perú y Bolivia, relaciones tortuosas
Más allá de todos los fundamentos geográficos, políticos e históricos, creo que no hay que dejar de lado algo más simple y esencial: la antipatía general hacia Chile por parte de los ciudadanos comunes y corrientes de los mencionados países.
Voy a hablar desde mi experiencia personal –no podía ser de otra forma- para los que han ido a Perú y Bolivia, y también para los que han visto algunos reportajes (algo ensalzados eso si) en la TV, es evidente que en general la ciudadanía de dichas naciones es, a mi juicio, algo hostil hacia nuestro país, y es que en general no tienen una gran opinión sobre nosotros, se nos tilda de soberbios, de arrogantes (que curioso, casi lo mismo que nosotros decimos de los Argentinos), hasta de tener ciertas conductas racistas hacia ellos, de habernos apropiado en la guerra de territorios y riquezas que les pertenecían las cuales saqueamos como bárbaros, de ser la causa de la pobreza en el caso de Bolivia por haberles cerrado su salida al mar.
Todo lo anterior podría atribuirse únicamente al resentimiento de pueblos a los que por años se les ha enseñado una historia muy distinta a la que se enseña en nuestros colegios, claro, se dice que la historia la escriben los triunfadores, pero no debemos olvidar que siempre existe también la historia de los derrotados, y esta debe a mi juicio ser respetada y entendida.
O tal vez dicha animadversión puede también atribuirse al éxito y desarrollo económico logrado por Chile, citado permanentemente como ejemplo para la región, y que Bolivia y hasta poco tempo atrás Perú no conseguían obtener.
Pero lo que considero peligroso es que en pueblos que permanentemente están en punto de ebullición por sus propias políticas internas, por sus liderazgos (o falta de ellos) o por sus disputas políticas por el poder, el concepto que siempre los une transversalmente es: Chile. Y eso sin duda es complicado, máxime cuando en Latinoamérica hacen nata los políticos del tipo “república bananera”, que conjugan eficientemente el populismo desmedido con el talento para llenar sus bolsillos con dineros del Estado, quienes luego para encubrir dichas raterías suelen convocar alguna causa nacionalista harapienta con el fin de unir voluntades y pasar el foco de atención a otra cosa. Ejemplos? El eterno conflicto marítimo con Bolivia, y el más reciente reclamo ante la Haya por parte de Perú.
Perú y Bolivia, relaciones tortuosas
Más allá de todos los fundamentos geográficos, políticos e históricos, creo que no hay que dejar de lado algo más simple y esencial: la antipatía general hacia Chile por parte de los ciudadanos comunes y corrientes de los mencionados países.
Voy a hablar desde mi experiencia personal –no podía ser de otra forma- para los que han ido a Perú y Bolivia, y también para los que han visto algunos reportajes (algo ensalzados eso si) en la TV, es evidente que en general la ciudadanía de dichas naciones es, a mi juicio, algo hostil hacia nuestro país, y es que en general no tienen una gran opinión sobre nosotros, se nos tilda de soberbios, de arrogantes (que curioso, casi lo mismo que nosotros decimos de los Argentinos), hasta de tener ciertas conductas racistas hacia ellos, de habernos apropiado en la guerra de territorios y riquezas que les pertenecían las cuales saqueamos como bárbaros, de ser la causa de la pobreza en el caso de Bolivia por haberles cerrado su salida al mar.
Todo lo anterior podría atribuirse únicamente al resentimiento de pueblos a los que por años se les ha enseñado una historia muy distinta a la que se enseña en nuestros colegios, claro, se dice que la historia la escriben los triunfadores, pero no debemos olvidar que siempre existe también la historia de los derrotados, y esta debe a mi juicio ser respetada y entendida.
O tal vez dicha animadversión puede también atribuirse al éxito y desarrollo económico logrado por Chile, citado permanentemente como ejemplo para la región, y que Bolivia y hasta poco tempo atrás Perú no conseguían obtener.
Pero lo que considero peligroso es que en pueblos que permanentemente están en punto de ebullición por sus propias políticas internas, por sus liderazgos (o falta de ellos) o por sus disputas políticas por el poder, el concepto que siempre los une transversalmente es: Chile. Y eso sin duda es complicado, máxime cuando en Latinoamérica hacen nata los políticos del tipo “república bananera”, que conjugan eficientemente el populismo desmedido con el talento para llenar sus bolsillos con dineros del Estado, quienes luego para encubrir dichas raterías suelen convocar alguna causa nacionalista harapienta con el fin de unir voluntades y pasar el foco de atención a otra cosa. Ejemplos? El eterno conflicto marítimo con Bolivia, y el más reciente reclamo ante la Haya por parte de Perú.
Nuestros hermanos Argentinos, che… viste?
Acá la situación ciertamente cambia, luego de décadas en que Chile sufrió el “síndrome del hermano menor” respecto de los trasandinos (que curioso, ellos también nos llaman así), el despegue económico de Chile y su estabilidad política han terminado por dar vuelta la tortilla, hoy los Argentinos nos ven de otra forma, ya nos somos el compañero “Nerd” del curso a quien podían golpear cuando quisieran, hacerle bromas pesadas o quitarle el almuerzo.
Si bien por la particular personalidad que poseen los Argentinos es casi imposible apocarlos, hoy sienten que los Chilenos a nivel de Nación, los hemos superado en bastantes temas. Y es que debe ser frustrante para ellos vivir en un país infinitamente más rico que el nuestro en materia productiva, pero que por culpa de la poca o nula probidad de sus líderes, los ha condenado a vivir en una crisis económica a estas alturas, ya crónica.
Esto sin duda que también acarrea resentimientos, primero contra sus propios líderes (que el pueblo Argentino suele demostrar a cacerolazos) y luego contra este “Nerd” que calladito y sin mucho bombo estudió e hizo las tareas, y que resulta que ahora es dueño de sus empresas y también los invade con las propias, y que más encima también sale con la chica más linda del curso, el FMI.
Todo esto, acompañado del infaltable ingrediente del despelote a nivel de gobierno con el que suelen convivir los presidentes Argentinos, hacen caldo de cultivo para que cualquier iniciativa “creativa” que haga que las famosas cacerolas suenen menos fuerte sea viable, en ése contexto todo vale, pretender subir el impuesto al agro, estatizar los fondos de pensiones, estatizar el fútbol, y por cierto, cortarle el gas a Chile.
Tal vez esto es lo que ganamos por sentirnos “los Ingleses de Latinoamérica”, o los “jaguares del cono sur”, tal vez eso sea lo que inevitablemente tenía que pasar. Pero mientras no existan los transplantes de continente, debemos hacernos cargo como nación de estos temas.
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