Por qué hay cosas que son buenas o aplicables para otros, pero no para uno mismo? La pregunta no parece demasiado relevante a primera vista, pero si nos ponemos a analizar lo que sucede en ciertas situaciones, la interrogante cobra valor.
Nuestra querida libertad de expresión
Cuantas veces, cuanta gente, ha hecho cientos de veces férrea defensa de la “libertad de expresión” dentro de una “sociedad democrática”, sin embargo es curioso que cuando esta cuasi declaración de principios no es conveniente para si mismos es rápidamente borrada del mapa.
Por ejemplo hace algunos días me gané el enojo y la rabieta de un insigne twittero al que se le ocurrió hacer una pregunta respecto de qué integrante de famosilandia debiera tener un Twitter, y las opciones eran variadas, desde Hermógenes Pérez de Arce, hasta Aldo Schiappacasse, supongo que como la cosa estaba entretenida, otro insigne twittero (aun más creativo que el anterior) se sumó a la chacota, y se le ocurrió preguntar: quién debiera dejar de Twittear… en ése momento y casi como acto reflejo se me ocurrió probar la teoría manifestada al inicio, y le respondí: “Maybe you”, la respuesta que recibí debe haber sido más rápida que el record de Usain Bolt en los 100 mts. La cual en forma resumida y en 140 caracteres, me invitaba a dejar de escribir comentarios que –según él- calificaban como “falta de respeto”. Entonces me dí cuenta que este maravilloso concepto de la libertad de expresión suele colisionar violentamente con un rasgo muy fundido en el ADN nacional: la falta de tolerancia y el escaso sentido de autocrítica.
Para serles honesto todavía no acabo de entender la lógica de aquel insigne twittero. En ése contexto acaso es aceptable y válido que yo hubiese contestado que debía dejar de twittear fulano o zultano, pero no era aceptable ni válido que yo dijera que quien debía dejar de twittear era él?, y donde quedó entonces la famosa libertad de expresión?.
Yo te lo aplico a ti, pero tú no a mí.
Hace muchos años, cuando todavía asistía al gimnasio, mi personal trainner me dijo respecto de mi régimen de trabajo y dieta: “Haz lo que yo te digo que hagas, no lo que me ves hacer a mí” acto seguido engulló un hot dog con todos los condimentos imaginables.
Este mismo fenómeno se repite una y otra vez en diversos ámbitos, en la política un candidato dice que se deben debatir ideas, pero regularmente se rehusa a participar en verdaderos debates (no de esos pauteados y sin réplica) con los demás candidatos, también se niega a asistir a programas de un determinado canal de televisión por ser “territorio del adversario”. Es decir, debemos entender que los debates y las entrevistas son buenas y aplicables para los otros, pero no para él?.
En nuestra querida farándula hay gente que se gana la vida en TV pelando y desmenuzando la vida de los famosillos de turno, la justificación que estos son: “figuras públicas” y que por ende no tienen derecho a la vida privada, pero esta misma gente es capaz de poner el grito en el cielo y mandar a la cresta a todo el mundo alegando que es SU vida privada cuando les toca a ellos estar en el ojo del huracán mediático. Entonces la regla no escrita es: yo puedo pelarte a ti, pero tu no a mí?.
Por qué Senadores, Diputados, Ministros de Estado, Candidatos Presidenciales, y otros políticos varios pueden -válidamente por cierto- criticar a Piñera por su calidad de empresario, y por sus eventuales conflictos de interés, pero no aceptan que se les pueda criticar a ellos mismos igual condición, en consecuencia que la gran mayoría de ellos son también empresarios con importantes fortunas?.
La verdad es que tal vez la respuesta es obvia, –me dirá más de alguno- todo eso se debe al famoso doble estándar del Chileno (se han fijado que siempre decimos “del Chileno” como si nosotros mismos fuéramos marcianos…en fin), pero eso es aceptar la explicación fácil y simplista, la respuesta obvia, y yo personalmente me resisto a eso. Será demasiado pedir a nuestra sociedad, y a nosotros mismos, un poco más de consecuencia?
Nuestra querida libertad de expresión
Cuantas veces, cuanta gente, ha hecho cientos de veces férrea defensa de la “libertad de expresión” dentro de una “sociedad democrática”, sin embargo es curioso que cuando esta cuasi declaración de principios no es conveniente para si mismos es rápidamente borrada del mapa.
Por ejemplo hace algunos días me gané el enojo y la rabieta de un insigne twittero al que se le ocurrió hacer una pregunta respecto de qué integrante de famosilandia debiera tener un Twitter, y las opciones eran variadas, desde Hermógenes Pérez de Arce, hasta Aldo Schiappacasse, supongo que como la cosa estaba entretenida, otro insigne twittero (aun más creativo que el anterior) se sumó a la chacota, y se le ocurrió preguntar: quién debiera dejar de Twittear… en ése momento y casi como acto reflejo se me ocurrió probar la teoría manifestada al inicio, y le respondí: “Maybe you”, la respuesta que recibí debe haber sido más rápida que el record de Usain Bolt en los 100 mts. La cual en forma resumida y en 140 caracteres, me invitaba a dejar de escribir comentarios que –según él- calificaban como “falta de respeto”. Entonces me dí cuenta que este maravilloso concepto de la libertad de expresión suele colisionar violentamente con un rasgo muy fundido en el ADN nacional: la falta de tolerancia y el escaso sentido de autocrítica.
Para serles honesto todavía no acabo de entender la lógica de aquel insigne twittero. En ése contexto acaso es aceptable y válido que yo hubiese contestado que debía dejar de twittear fulano o zultano, pero no era aceptable ni válido que yo dijera que quien debía dejar de twittear era él?, y donde quedó entonces la famosa libertad de expresión?.
Yo te lo aplico a ti, pero tú no a mí.
Hace muchos años, cuando todavía asistía al gimnasio, mi personal trainner me dijo respecto de mi régimen de trabajo y dieta: “Haz lo que yo te digo que hagas, no lo que me ves hacer a mí” acto seguido engulló un hot dog con todos los condimentos imaginables.
Este mismo fenómeno se repite una y otra vez en diversos ámbitos, en la política un candidato dice que se deben debatir ideas, pero regularmente se rehusa a participar en verdaderos debates (no de esos pauteados y sin réplica) con los demás candidatos, también se niega a asistir a programas de un determinado canal de televisión por ser “territorio del adversario”. Es decir, debemos entender que los debates y las entrevistas son buenas y aplicables para los otros, pero no para él?.
En nuestra querida farándula hay gente que se gana la vida en TV pelando y desmenuzando la vida de los famosillos de turno, la justificación que estos son: “figuras públicas” y que por ende no tienen derecho a la vida privada, pero esta misma gente es capaz de poner el grito en el cielo y mandar a la cresta a todo el mundo alegando que es SU vida privada cuando les toca a ellos estar en el ojo del huracán mediático. Entonces la regla no escrita es: yo puedo pelarte a ti, pero tu no a mí?.
Por qué Senadores, Diputados, Ministros de Estado, Candidatos Presidenciales, y otros políticos varios pueden -válidamente por cierto- criticar a Piñera por su calidad de empresario, y por sus eventuales conflictos de interés, pero no aceptan que se les pueda criticar a ellos mismos igual condición, en consecuencia que la gran mayoría de ellos son también empresarios con importantes fortunas?.
La verdad es que tal vez la respuesta es obvia, –me dirá más de alguno- todo eso se debe al famoso doble estándar del Chileno (se han fijado que siempre decimos “del Chileno” como si nosotros mismos fuéramos marcianos…en fin), pero eso es aceptar la explicación fácil y simplista, la respuesta obvia, y yo personalmente me resisto a eso. Será demasiado pedir a nuestra sociedad, y a nosotros mismos, un poco más de consecuencia?
Hay otra posible respuesta frente al infatigable argumento que nombras, el "doble estandar"; o quizás la complemente: simplemente el sentirse dueño de la verdad.. que finalmente es la torpeza de no realizar la auto crítica, tener la suficiente humildad para escuchar y analizar ideas que no consideramos o creemos "menos inteligentes".. la cual puede traducirse en un orgullo ridículo, que finalmente quiere disfrazar la propia inseguridad.
ResponderEliminar¿Qué crees?
Saludos
@Manejara
Nunca olvides que vivimos en el país de los derechos sin deberes: tengo derecho a que me respeten, pero no tengo el deber de respetar. Nuevamente, shilito.
ResponderEliminarSaludos sangrientos
Blood
Haz lo que digo, no lo que hago, he aquí la frase que aplica a muchos Chilenos, tal vez despues de muchos cambios culturales dejemos de ser tan inconsistentes.
ResponderEliminarMaría Inés, sin duda que la soberbia y la arrogancia suelen llevar a las personas a creerse portadores vitalicios de la verdad y la razón absoluta. En mi opinión gente como esa son ya casos clínicos, merecedores de una suite en "El Peral".
ResponderEliminarBlood, a propósito de lo que indicas, el otro día estaba escuchando radio y salió una frase de Nicanor Parra diciendo algo así: "Todos hablan y se preocupan de los derechos humanos, y nadie de los deberes humanos... el primer deber humano, respetar los derechos humanos", creo que se relaciona bien con lo que argumentas, la casi enfermisa fijación en los derechos por sobre los deberes, ejemplos sobran.
Bea, la frase que señalas la debo haber escuchado millones de veces en mi vida, y es un verdadero "comodín" para los que gustan de dictar cátedras de rectitud, moral, consecuencia, etc. Es como esa gente que tiene el frontis de su casa súper limpio y pintadito, pero que están llenos de mugre en el patio trasero...
Saludos Totales.
V